Jasiel Rivero se destapa en Burgos: de cobrar 38 dólares al radar de la NBA

De Cuba a España pasando por Uruguay y Argentina. Cuatro equipos, dos lesiones, 18 meses en el dique seco… Esta es la historia de Jasiel Rivero, el nuevo ídolo de la afición del San Pablo Burgos que aún no ha tocado techo y que sueña con la NBA.

“Antes de empezar en baloncesto tuve como unas prácticas en voleibol. El entrenador de baloncesto se encuentra con mi papá y le pregunta si tiene algún hijo o alguna hija porque supuestamente si el padre es alto el hijo va a ser alto. Le dijo que tenía un hijo y como para que me apuntara en ese deporte”. Así relataba a los compañeros de Vamos el comienzo de su historia Jasiel Rivero, jugador del San Pablo Burgos.

Fue ese encuentro entre Reynaldo Calvo, entrenador del municipio de Boyeros, y el padre de Jasiel, Fidel Rivero, el que comenzó a cambiar el destino del protagonista de esta historia. Su gran presentación en sociedad fue en el Centrobasket de 2014 en Nayarit, México, compitiéndoles de igual a igual a los Ayón, Lloreda y Garcés o Levy. Sólo tenía 20 años.

Mientras tanto, seguía jugando en La Habana, en los Capitalinos, promediando 14,8 puntos, 4,9 rebotes, 1,8 robos y 1,4 tapones y ganando 38 dólares al mes como todos los jugadores de la Selección de Cuba. Un largo proceso permitió a jugadores como Rivero o Justiz salir a jugar siempre que volvieran a representar a su país con la elástica de Cuba.

Uruguay fue su primera parada, Club Atlético Tabaré, en la temporada 2015-16. Pero a la conclusión de la primera mitad del quinto partido, ante Biguá, recién iniciada la temporada, se fracturaba el quinto metatarsiano del pie. Primer revés pese a promediar 19,6 puntos, 8,2 rebotes y 5 asistencias en el arranque liguero.

Un joven Jasiel Rivero en su efímera experiencia en Uruguay

Una vez completada la recuperación, a finales de enero, fichaba por el Estudiantes de Concordia de la Liga Argentina. Pero la mala suerte se cebaba con él y, a doce partidos para el término de la liga regular, se volvía a re-fracturar el pie. Debía pasar por el quirófano para ser operado y perderse el resto de temporada.

Nadie dijo que el camino iba a ser fácil pero la Federación Cubana de Baloncesto decidía repatriarlo a La Habana donde estuvo 18 meses antes de volver a dejarlo salir. Más difícil todavía. En noviembre de 2017 volvía a Argentina, y lo hacía a Estudiantes de Concordia para empezar un camino que le llevaría a hacer un viaje de ida cruzando el Océano Atlántico.

Lucas Victoriano fue su entrenador y reconoce que “tiene tanta facilidad para hacer las cosas que no las piensa mucho. Ofensivamente tiene todas las herramientas para anotarte: contraataque muy bueno, mano derecha e izquierda con ventaja, parado puede tirar aunque le cueste más y de poste bajo es de sus mejores virtudes aunque él no la reconozca, prefiere jugar más de cara que de espaldas pero donde realmente es diferente es de espaldas. Irá a más”.

Rivero celebrando una jugada (Foto: FIBA Américas)

17,6 puntos, 5,2 rebotes y 1,2 asistencias en la Liga Argentina hicieron que los equipos empezaran a fijarse en él. Así relataba la llamada del San Pablo Burgos allá por 2018 a Álex Perona de Movistar+: “Estaba en Argentina cuando mi representante me escribe: mira hay esta posibilidad. Guau, cuando te llaman para decirte esa noticia tienes que sentarte para cogerlo con mucha calma porque te puede dar un infarto”.

El club burgalés decidiría dejarlo cedido en Boca Juniors para que acabara de romper la competición siendo el máximo anotador de la 2018-19 con 18 puntos por partido. Esta temporada se incorporaba al San Pablo Burgos pero, al tener tres extracomunitarios de inicio, sus presencias se limitaban a la Basketball Champions League, posponiéndose su debut en la Liga Endesa al mes de noviembre en la pista del Movistar Estudiantes.

Su mejor partido en la competición doméstica llegaba en enero ante el Joventut con 15 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias y 2 tapones para 28 de valoración y lo que es más importante para liderar el triunfo en un último cuarto muy apretado (92-89).

En Europa, donde con regularidad ha promediado 9,4 puntos y 5,1 rebotes en menos de 17 minutos de juego, sellaba el 2-0 ante el Sassari clasificando a su equipo para la Final a Ocho de la Champions con 17 puntos, 15 rebotes, 2 asistencias y 1 tapón para 28 de valoración.

Con la NBA como sueño, y los Dallas Mavericks siguiéndole la pista, este ala-pívot de 26 años ya ha conseguido meterse en el bolsillo al público del Coliseum por su energía, lucha y brega más allá de sus finalizaciones con la izquierda, su trabajo en el rebote ofensivo o sus triples. El presente es suyo. Y el futuro, también.

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