Sulejmanovic, el hijo de la guerra predestinado a brillar en España

“Si me ves luchando con un oso, reza por el oso”, dice la descripción de su perfil de Twitter. Si algo ha tenido la vida de Emir Sulejmanovic ha sido una constante…

“Si me ves luchando con un oso, reza por el oso”, dice la descripción de su perfil de Twitter.

Si algo ha tenido la vida de Emir Sulejmanovic ha sido una constante lucha desde su nacimiento. Vino al mundo en un bosque cercano a Srebrenica, dos días después de que se iniciara la matanza que acabó con la vida de más de 8.000 personas de etnia bosnia-musulmana. Era el 13 de julio de 1995.

“Ahora no hay nada, sólo árboles, no hay vida ni nada. Un bosque donde estaba el pueblo donde vivía mi familia. Hay una montaña y el río Drina que nos separa de Serbia. Como tiraban bombas, la gente se fue a esconder donde no había casas, al bosque. Quedan algunas casas de vacaciones porque es una naturaleza muy guapa. Cuando voy a Bosnia en verano me gusta ir allí, me llama”, dice en una entrevista a Radio Marca Bilbao.

Y es que su historia sólo acababa de empezar aunque reconoce que lo hizo con un poco de “suerte, sin médicos, sin hospital, naces en medio de la nada, sólo escuchas como las bombas caen, la gente está gritando. Me puedo imaginar cómo fue este momento”.

Su padre había sido hecho prisionero y mandado a un campo de concentración durante casi un año. Por eso, su madre, Vahdeta, con sus dos hijos, tuvo que huir de la guerra y acabar en un campamento de refugiados de Cruz Roja en zona neutral.

“Queríamos ir a Alemania, donde estaba un hermano de mi padre, pero no aceptaban refugiados. Las opciones eran Estados Unidos, Australia o Finlandia y elegimos esta última por estar más cerca de Bosnia”, revela.

Allí empezaba una nueva vida en la que esperaba un nuevo revés repentino: “Mi madre murió cuando tenía cinco años en Finlandia”. Fue su padre, que ahora jubilado suele vivir con Emir en sus diferentes destinos profesionales, el que tuvo de tirar del carro. “Familia por encima de todo”, reza también su cuenta de Twitter.

Fútbol, kárate y baloncesto fueron los tres deportes que comenzó a practicar, decantándose por este último. Fue un campeonato de Europa Sub-16 con Finlandia en Strumica el que cambió su vida: “Me vio un scout de Olimpija [Dragan Janjic] y me llamaron para una prueba de siete días. Fui a dar todo y a ver qué dicen. Me quisieron y firmé dos años con 16 y medio”.

Agradecido a Finlandia por brindarle “la oportunidad de hacer algo de nuestra vida y eso se agradece. Quién sabe donde estaría si me hubiera quedado en Bosnia en esta situación”, se decidió por jugar con su país de nacimiento (“la sangre tira”).

Pero España estaba en su destino. Primero, en el Torneo Junior de Hospitalet, proclamándose MVP del mismo con promedios de 20 puntos y 13,5 rebotes en el que estaban Porzingis y Hezonja y atrayendo las primeras miradas del Barça. Después, “debutando en Euroliga contra el Madrid en mi segundo año, con Mirotic. Este día no lo voy a olvidar nunca, una buena manera de debutar”.

Con 18 años llegó a Barcelona a entrenar con el primer equipo y jugar con el segundo en una experiencia en la que “aprendí mucho pero es un sitio muy difícil. No jugaba nada pero aprendía muchas cosas. Te ayuda para crecer. Hay muchos jugadores con nivel en el primer equipo y si quieres tener una oportunidad tienes que llegar a su nivel o ser mejor. Tienes que estar preparado por si te llega porque puede que no te llegue nunca más”. En aquel equipo estaban entre otros Justin Doellman, Bostjan Nachbar o Ante Tomic.